Con ocasión de encontrarme con un amigo, fui a una reunión en la que invitaban a la discusión de un tema que implica un cambio en como se percibe la salud y la enfermedad, una corriente médica en boga llamada medicina funcional. Desde un principio empiezan con ese adjetivo "funcional" que no tiene tanta claridad y que no refleja el contenido de lo que quieren significar, son adjetivos con una intención más publicitaria.
La expositora se presenta como médica y cirujana con formación universitaria refrendada por una universidad reconocida en Colombia. Luego presenta sus otros aspectos formativos, a saber, medicina funcional, biodescodificación y uso de psicodélicos en la terapéutica.
Antes de esto nos pusimos de acuerdo con el amigo que iba, de ir con la intención de dar lidia, usando sus propias palabras. Debo admitir que me atraía la idea de ir porque como después confirmé había mucho de pseudociencia en los planteamientos de la medicina funcional.
La premisa inicial con la que la profesional que nos convocaba era hablar sobre de qué se enferma la gente en el siglo XXI. Para empezar, habló de cosas que tienen mucha importancia como la alimentación, la actividad física y las creencias, en relación con la salud. Estos son sin duda relevantes, pero lo que empezó como una intervención que prometía algo bueno, terminó en los mismos discursos vacíos e inconsistentes.
Mi primera opinión es que la premisa inicial no se cumple, los cambios que están causando mucha de esa enfermedad moderna relacionada con hábitos alimentarios y de actividad física aparecieron a partir de industrialización y la producción en masa de alimentos y productos de entretención, que se desarrolló principalmente en los Estados Unidos en particular alrededor de los periodos de las guerras mundiales del Siglo XX. Por lo tanto, no es en el siglo XXI de donde parten los problemas de salud asociados a este cambio.
Era llamativo el uso constante de porcentajes de forma indiscriminada como 90% para demostrar énfasis en lo que afirma, generalizaciones sin fundamento como “casi todos los médicos” o “en el sistema siempre…” y uso de palabras técnicas en exceso como parte de su discurso en este caso inflamación, hay alimentos y medicamentos que inflaman y que eso es la causa del 90% de las enfermedades y daba ejemplos de enfermedades autoinmunes.
Uno de los asistentes preguntó que teniendo en cuenta lo que afirmaba, podríamos decir que las personas son culpables de sus enfermedades, a lo que la doctora responde que no es culpable, pero si responsable. Una argucia dialéctica en su máximo esplendor, porque cambia una palabra, pero el significado viene a ser el mismo.
La doctora afirmó en una forma muy rotunda que el 90%, otra vez los porcentajes sin sustento, que las enfermedades procedían de las creencias y de respuestas a conflictos emocionales sin resolver de tiempos pasados hasta tiempos tan remotos como la concepción e incluso períodos preconcepcionales (!), lo cual esa experiencia vital queda grabada en las células para posteriormente manifestarse como enfermedad. A esto lo sustentaba con las 5 Leyes Biológicas del Doctor Hamer, como clara explicación biológica y así lo sentenciaba: “esto es biología, no hay misticismo de por medio”. A estas leyes habría que dedicarles un espacio largo, porque tienen un gran componente pseudocientífico y que a su fundador Ryke Geerd Hamer le costó la inhabilitación para el ejercicio de la medicina en Alemania por su responsabilidad en la muerte de varios pacientes por mala praxis. https://www.redaccionmedica.com/secciones/medicina/muere-el-guru-de-la-medicina-germanica-pseudociencia-contra-el-cancer-2889
A lo que mi pregunta siguiente fue: ¿cómo esa información de experiencias se acumula en las células? La respuesta jamás fue satisfactoria, incluyendo respuestas que no eran de índole genético, usaron el argumento epigénético, que el cerebro creía que todo era real y que no lo buscara entender como algo racional o desde la razón.
El apelar a la sinrazón y pedir aceptar las cosas por dogma de fe se hicieron cada vez más patentes. Mi pregunta era a como esa información se almacenaba en las estructuras celulares, ya que el proceso de almacenamiento de experiencias en el cerebro es un proceso muy costoso desde el punto de vista estructural en redes y sistemas como el límbico, como para que una célula almacenara toda esa información.
Como réplica, apareció una persona que al parecer era parte del equipo de la doctora que encabezaba la reunión y afirmó con una rotundidad que las emociones provenían del timo, este es órgano mediastinal con un papel muy importante en la función inmunológica, y descartó de plano al cerebro como el órgano de las emociones. Durante la discusión dio un ejemplo con una ensalada y la lechuga como portadoras de información. Algo con lo que muchos del público quedamos más que perplejos.
Hay un momento en ciertas discusiones en las que ciertas afirmaciones no pueden ser dignificadas con una respuesta.
La doctora a través del uso de ciertos conceptos científicos válidos y útiles, con cambios del estilo de vida los cuales refuerzan la sensación de culpabilidad del paciente con su propia salud adhiriéndolo a terapias ineficaces, luego la mezcla con la pseudociencia de las 5 Leyes Biológicas del cuestionable Dr Ryke Geerd Hamer para vender la idea de una nueva forma de patogénesis de las enfermedades sin mayor sustento, que cuando es cuestionada hay una ausencia de respuesta creíble, veraz y apoyada en ciencia y la herramienta dialéctica es pedir que se renuncie a la razón.
Marcado desconocimiento, conexiones científicas muy laxas, con uso inadecuado de términos científicos, estadísticas amañadas y una ausencia de sustentación científica como respuesta es una receta para el desastre.
En definitiva, esto es un peligro, ya que contamina la ciencia y el conocimiento que es valioso como el cuidado de la alimentación, cuidado de las emociones y salud física con terapias pseudocientíficas sin sustento. Haciendo que la gente desconfíe de los médicos, que gaste su dinero retrasando terapias útiles y al final ponga en riesgo su vida.
Al final, siempre queda la idea del que cuestiona es un soberbio, poseedor de la verdad, cerrado de mente y cientifista. No es así, toda idea debe ser cuestionada y si alguien se expone al público debe admitir que sea cuestionado. El “abrir la mente” es una argucia dialéctica que es usada como una falacia para aceptar sin cuestión a quien afirma. No caeré en eso.
Juan Gonzalo Gómez Lopera
@juangonzalo01