viernes, 13 de mayo de 2016

EL DESENCANTO DE LA POLÍTICA




Todos los días estoy más desinteresado en la política, tanto nacional como internacional porque en vez de ver una posible solución, solo veo porquería tras porquería que generan problemas mayores que hacen la luz al final del túnel se vea más lejana, cuando no ausente.


Cada decisión tomada por un político puede tener impactos inimaginables sobre la población, deteriorando la calidad de vida y llevando a que la gente se desencante o tome modos ilegales de actuar con tal de sobrevivir.


Mucha gente ante esta queja y el desencanto sobre la política dirá: el cambio proviene de cada uno mismo, deja de quejarte, ve y cambia las cosas. Confrontar un medio tan corrompido, tan carente de ética y moral exige una fuerza que solo dan un gran liderazgo y una persona tan proba que raya en lo inverosímil. No todos tenemos la capacidad de soportar medios tan duros sin ser absorbidos por las malas mañas o ser expulsados o muertos por el ambiente hostil de la política. Todos hemos conocidos de gente buena y con grandes intenciones que han sido asesinados o se han retirados asqueados de la política.


La política no es el único modo de cambiar el mundo, existen otras más nobles como lo ciencia y la filosofía, sin querer decir que sean perfectas o que no hayan episodios de maldad y abuso. Pero estas van en busca de respuestas distintas y generan cambios más duraderos en las sociedad, aunque menos espectaculares y con menos difusión mediática. Trabajar en estas áreas permite lograr tomar mejores decisiones y conocer el impacto de estas.


Todas las formas de Estado son imperfectas y temporales, nunca nadie estará completamente satisfecho con una forma de gobierno, incluso las llamadas ideales dentro de nuestra sociedad occidental como son la democracia, que ha sido tan promocionada por Hollywood y su gran aparato de propaganda del modo de vida occidental y en especial del estadounidense.


Siempre habrá algún inconforme que prefiera un rey o un dictador que le evite tomar decisiones y determine sin cuestionamientos las conductas de un pueblo, el aristócrata que prefiera que una élite le haga el favor de gobernar a la plebe y ellos reciban los beneficios económicos mientras los otros reciben las migajas y el anarquista que desea que no haya ninguna regla y que todos hagan lo que les venga en gana.


Vivir oprimido es terrible, pero una vida sin reglas es intolerable, el punto medio es un ideal al que no se llegará porque cada persona tenderá hacia un lado u otro de acuerdo a sus intereses, la situación particular que cada persona viva e incluso de acuerdo a la educación que haya recibido.


Por eso la política es una actividad que a mi parecer es vana, pero no podemos escapar de ella, porque afecta nuestra vida y por lo tanto es mejor estar enterado de las execrables actividades de los políticos, aunque espero nunca tener que participar en ella.

JUAN GONZALO GÓMEZ LOPERA

martes, 26 de enero de 2016

¿Quién carajos dirige a Colombia?

Ante las noticias que todos los días salen en periódicos, radio, televisión y medios digitales no puedo más que preocuparme por el rumbo que tiene nuestra sociedad colombiana. Es cada vez más frecuente que se sepan noticias sobre nuestros dirigentes más importantes en las que están envueltos en delitos o cosas sórdidas que escandalizan cada vez más a los medios y a la sociedad, esto mientras no aparezca otro escándalo que desplace de las primeras planas al anterior y así sucesivamente.

En la última semana se han sabido de casos que tocan particularmente a cargos que se encargan de la población más vulnerable de la sociedad, empecemos por la directora del Instituto de Bienestar Familiar que denuncia a un periodista y le pide a Twitter que cierre la cuenta, de este porque le exige públicamente una respuesta sobre los contratos de alimentación que como la mayoría de los de este país están amañados para asignarlos a contratistas incapaces y avaros que matan de hambre a niños de escasos recursos. Esta funcionaria más preocupada por su buen nombre que por solucionar este problema de nutrición a la infancia, decide que es más importante callar a un periodista que confrontar y exigir mejores medidas de alimentación a los niños.

El otro caso que nos afecta es el del Defensor del Pueblo que está siendo cuestionado gravemente por acoso laboral y sexual a varios empleados de esta dependencia, esto obviamente debe ser probado ante las instancias judiciales las cuales determinarán bajo una investigación cuáles son los verdaderos alcances de este desagradable episodio. Lo que es insostenible es que la persona designada para defender los derechos humanos de los colombianos esté involucrado en casos donde el maltrato y el acoso estén bajo investigación. Es inadmisible que una persona con este tipo de cuestionamientos persista en su cargo haciéndole daño a una institución y perdiendo toda credibilidad.

Estos casos por no mencionar al director de la policía, el presidente de la Corte Constitucional, el ex ministro Arias, congresistas, jueces y miembros de la rama ejecutiva que hacen avergonzar a cualquier país serio y aun así no tengan las soluciones dignas para evitar hacerle más daño a la ya desprestigiada imagen de las instituciones del Estado.

La pregunta es: ¿quién dirige a Colombia? ¿cómo personas que tienen bajas calidades morales terminan en cargos que exigen probidad y decencia? La elección de funcionarios que tienen en sus manos el destino de este país son nombrados de acuerdo a las conveniencias políticas y económicas de los nominadores de estos cargos, pagan favores y ponen a personas de confianza para entregar contratos o favorecer decisiones que les convienen a políticos y empresarios por encima del bien general.

No hay confianza, a la gente le da miedo confrontar porque el Estado y sus instituciones no están de su lado, saben que si denuncian hay más riesgo de perder que de ganar, saben que las instituciones defienden al poderoso que puso en el cargo al que debe velar por sus derechos. No hay Estado si el pueblo no cree en él, por eso es que es común que en Colombia se tomen la justicia por sus propias manos, porque ni la policía, ni el ejército, ni la justicia, ni los órganos legislativos ni el poder ejecutivo cuida al ciudadano.

Porque Colombia no es un país de revoluciones como en otros vecinos de América Latina, además porque al primer conato de marcha son aplastados bajo el remoquete de guerrilleros, comunistas y tira piedras, por el ESMAD. Pero mi triste conclusión es que en Colombia no hay Estado y este es el país de defiéndase como pueda, porque sino le va peor.

Esperemos que la situación mejore, pero es un vano optimismo y que en algún momento este país no se vuelva inviable.

JUAN GONZALO GÓMEZ LOPERA
@juangonzalo01

martes, 19 de enero de 2016

La imposibilidad de la paz de Colombia

Es generalizado que en Colombia hablemos mucho de la paz, ya que los períodos de esta han sido muy escasos y en nuestra nación este es uno de los principales anhelos. Es frecuente que se imagine que si hubiera paz en Colombia se le imagine como un paraíso bíblico donde el león paciera junto al cordero y manaría leche y miel.

La gente cae en el error de creer que la paz es la ausencia de conflicto armado o sea que no haya guerrilla o paramilitares; esto es lo que nos venden los políticos ahora que hay unos diálogos de paz en curso con la guerrilla, es lo que nos vendieron en el anterior gobierno con la fallida reinserción de los paramilitares a la vida política que al final degeneró en las bandas criminales conocidas con el acrónimo de bacrim

Resulta que el conflicto armado es la manifestación extrema del odio, donde hay unos bandos con intereses completamente distintos que han decidido que para imponerlos se requiere de matar, robar, secuestrar, engañar o torturar a quien se ponga en su camino. Pero este conflicto armado no deja de ser un síntoma mas que la causa de la guerra que vive Colombia.

El verdadero origen de esta ausencia crónica de paz es más por el odio, egoísmo y falta de consideración por los demás, evidente en la mayoría de interacciones sociales que hay en este sufrido país. Hay una manifestación que me sorprende cada vez más y son los foros de comentarios de artículos de los periódicos locales que más leo como El Espectador, El Tiempo o El Colombiano, por no decir de las redes sociales. En los comentarios ante cualquier tema sea político, social, deportivo o de farándula es evidente la carga de odio y agresividad presente en nuestra vida cotidiana. La gran mayoría son insultos, ofensas y amenazas por doquier, al columnista, a los demás comentaristas, al diario, al gobierno, a la oposición, al equipo contrario, al actor, etc.

Estos comentarios son la muestra de la violencia permanente de nuestra sociedad que carece de los mínimos básicos de comprensión, raciocinio, empatía y educación hacia los demás. No hay un debate con argumentos o ideas, además de la evidente carencia de las habilidades para redacción ni un conocimiento de ortografía. Estas personas que hacen estos comentarios me las imagino absolutamente despiadadas, violentas e intolerantes y así es imposible lograr la paz.

Es evidente que la paz no se alcanzará nunca si este país continua alimentándose de odio ante cada comentario o evento. La agresividad permanente visible en los comentarios, en el tránsito y en las relaciones sociales hacen que aumente la violencia y a cada acto violento sea mínimo le respondan con otro mayor hasta volverse un conflicto del tamaño que vive Colombia.

Tengo la esperanza de que Colombia algún día logre la ausencia de un conflicto armado, pero no basado en el triunfo de un bando sino de que la agresividad y el odio que hay en las personas se cambie por tolerancia y razón.

Por:
JUAN GONZALO GÓMEZ LOPERA
@juangonzalo01

miércoles, 30 de diciembre de 2015

TIEMPO DE FIN DE AÑO

Se acerca el fin de año, que es el patrón con el que medimos el tiempo, marca el tiempo de la traslación de la Tierra alrededor del Sol. El tiempo lo percibimos de manera consciente como algo que pasó, pasa y pasará. Para un físico o un filósofo esta definición es insuficiente o inexacta, pero refleja cómo nosotros percibimos los hechos en nuestra existencia.

Recuerdo cuando cambió el año de 1999 a 2000 y todas las especulaciones creadas a partir de esa fecha, la expectativa sobre los cambios que se iban a suscitar y la sospecha de que era el inicio del futuro imaginado por los escritores de ciencia ficción y que mucha gente confundió con predicciones. Los autos voladores, la teletransportación y los viajes interplanetarios todavía están muy lejos de ser concretados y aún continúan muchos de los problemas de la antigüedad como el hambre , la guerra y la enfermedad sin una respuesta cercana. Cuando recuerdo el 31 de diciembre de 1999 y el 01 de enero de 2000 no encuentro ninguna diferencia cósmica o espiritual al menos detectable por los métodos actuales.

Ahora hoy en 2015 reflexiono que desde el punto de vista cósmico y universal, no es importante que transcurran 2000 años, la humanidad empezó hace 150 000 años y hace 6000 años existe la escritura, además que hace 4500 millones de años existe la Tierra. Ahora creer que porque han pasado 2000 años terrestres va a significar algo para el universo es muestra de lo engreídos que somos como humanos y aún estamos convencidos que somos el centro del universo, cuando la Tierra no más que un “punto azul pálido” en el Sistema Solar de una galaxia ordinaria en una de las cientos de millones de galaxias que existen.

Darle explicaciones místicas a el cambio del año es tonto, ritos para la buena suerte o creencias místicas con respecto al cambio del año es totalmente inútil y vano, el cambio de 2015 a 2016 es una medida que usamos para entender el tiempo, pero no representa nada más; la verdadera importancia radica en usarlo como el punto de partida para autoevaluarnos, para generar cambios y determinar proyectos en nuestro futuro.

Este fin de año lo usaré para estar con las personas que aprecio, recordar a quienes no están y propondré cambios en los hábitos y modos de vida más que propósitos, ya que la mayoría no se cumplen, pero estos cambios generarán beneficios a largo plazo.

Por:
Juan Gonzalo Gómez Lopera
@juangonzalo01

viernes, 1 de mayo de 2015

LA CULTURA Y LOS DEBERES ESCOLARES

En días anteriores fui a ver una película muy recomendada, Timbuktu, esta hace parte de un género de cine menos comercial que el habitual en nuestras carteleras, sin escenas de acción o sexo, sin efectos especiales que hagan sentir al espectador una realidad aumentada. Esta película narra la vida en una ciudad muy antigua del África occidental, en la República de Malí, que tiene mucha historia y una gran cultura. Esta película no narra nada fantástico, es la vida real que nos acerca a las costumbres y a las culturas que no conocemos, porque no estamos expuestos a ella, esto porque los medios occidentales americanos y europeos la menosprecian por ser bárbara y lo peor, la consideran poco comercial. Además no sigue una clara narrativa de inicio, nudo y desenlace que puede desconcertar a ciertos espectadores poco acostumbrados a películas que no siguen este esquema.

Algo llamó poderosamente mi atención y fue la presencia en el teatro de grupo de adolescentes cuyas edades supongo fluctuaban entre los 15 y 16 años, estos llegaron con el habitual barullo de su edad, pero poco común a la entrada de películas como la estaban proyectando. Hicieron ruido, hablaron fuerte y rieron en momentos de la película que eran inoportunos. La pregunta generalizada era: ¿qué hacía ese grupo allí? Era un grupo más dispuesto a ver Rápido y Furioso que Timbuktu.

La respuesta llegó cuando salieron del teatro, aunque algunos de sus compañeros se habían adelantado (esto era una pista), y es que al parecer del colegio donde asisten, les pusieron como tarea escolar ver la película y supongo que deben entregar una reseña o un ensayo sobre ella.

Surgió la pregunta ¿es necesario imponer actividades culturales como un deber escolar? o tal vez ¿no sería mejor crear un ambiente en que el estudiante se entusiasme por estas actividades y no sea necesario imponerlo?

Como mucho en la vida la respuesta es recurrir a un punto medio, la imposición excesiva de material cultural, artístico o científico puede generar el desprecio que produce la obligación y que impedirá la apreciación completa de algo que puede cambiar una mente joven para descubrir poco a poco vocaciones y habilidades provechosas para ellos. Pero dejar al gusto del niño, adolescente o al adulto estudiante el material a discutir y esperar a que el entusiasmo aparezca de la nada, sin requerir al menos un empujón, sería ingenuo.

Muchos de los descubrimientos que hicimos en la escuela y que más han cambiado mi vida han venido de materias y actividades que no eran muy populares entre la generalidad de estudiantes. Esto es exponer así sea de manera obligatoria a contenidos culturales que de otra manera no la hubiese visto. Así que apoyemos al profesor que por una vez hizo que sus estudiantes fueran a cine a ver una película a la que probablemente nunca le hubieran pagado una boleta, pero los expuso a una cultura distinta y modo de vida que de otra manera nunca conocerían.

JUAN GONZALO GÓMEZ LOPERA
@juangonzalo01